domingo, 25 de junio de 2017

CRONICA - Un viaje a Florianópolis: Espejo para reconocerse

El cine es un acto político. No solo el acto creativo de hacerlo, escribirlo o actuarlo: ir al cine, elegir una película y pagar una entrada para verla es un acto político deliberado, como lo son casi todas las decisiones en la vida de una persona. En una entrevista con este diario, en una de las primeras ediciones de su nueva etapa cooperativa, la escritora y dramaturga Griselda Gambaro afirmaba que “somos animales políticos, lo querramos o no, y eso está en todas nuestras acciones, aún en las más íntimas. Un hombre que golpea a una mujer ejecuta una acción política. Es lo mismo. Y aún sirviendo el café con leche uno ejecuta una acción política, porque lo que se ejecuta en cada una es una forma de estar en la sociedad”. Aceptado esto, que implica la fe ciega en que todo acto humano es político, queda claro que la cinefilia conlleva una determinación de ese mismo orden. En esa línea pero de un modo mucho más obvio, organizar un festival de cine no solo es un simple acto político sino que se adentra, de manera abierta, en el territorio del activismo.
Programar un festival implica un recorte siempre reducido y parcial de un conjunto de películas que representan una forma de interpretar (e interpelar) a la realidad, que tiene su complemento perfecto en el universo que se ha decidido dejar fuera de campo. El Florianópolis Audiovisual Mercosur (FAM), que se lleva a cabo desde hace 21 años en la tradicional isla balnearia del sur del Brasil y que concluye hoy, no oculta esa voluntad de provocar a su comunidad, de meter el dedo en la llaga política. Una herida que en estos momentos es muy grande en un país tan convulsionado como Brasil y que no para de supurar. Lo interesante del caso es que la comunidad no solo recoge el guante de ese desafío, sino que utiliza el espacio del festival para pasar a la acción. El público de FAM asume un rol activo que va más allá del simple sentarse a ver, para convertirse en actores que aprovechan cada oportunidad para ser protagonistas. Basta que en la pantalla, antes de cada proyección, aparezca la placa que recuerda que el festival cuenta con apoyo del gobierno federal, para que alguien grite “¡Fora Temer!” desde alguno de los rincones oscuros de la sala y que el milagro del efecto dominó traiga consigo el eco de la adhesión de otras voces que se suman a la consigna, apoyados por un aplauso del que terminan siendo parte casi todos. El FAM es la válvula de escape que una parte de la sociedad florianopolitana aprovecha para descomprimir una presión política que se percibe en todas partes.
Fora Temer, fora Temer, fora Temer. Toda Florianópolis parece vociferar en contra del hombre que es la cara visible de aquella conspiración que eyectó de su cargo a la presidente Dilma Rousseff hace poco más de un año y que desde entonces ocupa su lugar al frente del poder ejecutivo de la República. Un año en el que las sospechas de corrupción lo fueron cercando pero que, sin embargo, Michel Temer ha conseguido eludir con una mezcla de caradurismo y cintura política envidiable. Fora Temer. Ese pedido, que es una exigencia lanzada al espacio, no es sólo verbal. Contar las veces que la frase se repite, escrita en paredes, bancos de plaza, teléfonos públicos, paradas de colectivo, postes del alumbrado y otras improvisadas tribunas, puede ser una de las formas de amenizar un recorrido por Florianópolis. La gente ha convertido al espacio público en una red social espontánea y en ella se expresa el mandato popular de restablecer un orden institucional al que consideran perdido, cuando no usurpado. Lo cual, si se piensa que Florianópolis es la capital del sureño estado de Santa Catarina, no deja de resultar por lo menos una sorpresa.
Una docente de la carrera de cine, que forma parte de la plataforma académica de la Universidad Federal de Santa Catarina (UFSC), que tiene su sede en la isla, recordaba durante una charla que tuvo lugar entre proyecciones que este es uno de los más conservadores de los 26 estados que conforman la unión brasileña, junto con los vecinos de Rio Grande do Sul y Paraná. Los tres limitan con la Argentina. Y mencionaba como prueba fáctica que este fue el territorio en el cuál Aécio Neves, candidato de la derecha, obtuvo mayor porcentaje de votos en las elecciones presidenciales de 2014, en las que ballotage mediante finalmente fue derrotado por Dilma, aunque por escaso margen. En ese contexto, afirmaba la profesora universitaria, el lugar que Florianópolis ocupa como centro político y administrativo de Santa Catarina convierte a la ciudad en un polo progresista dentro de ese panorama general de perfil conservador. Y consideraba que el hecho de ser una ciudad universitaria no representa un detalle menor dentro de esa identidad. No es casual encontrarse acá con una comunidad tan activa y preocupada por las problemáticas sociales y políticas de la realidad brasileña, como tampoco lo es que la UFSC sea el espacio elegido para ser la sede del FAM.
Progresista y todo (Florianópolis es además una de las ciudades capitales más seguras del Brasil), alcanza una mirada atenta para detectar de inmediato la brecha social. Es sabido que los estados sureños se caracterizan por una composición poblacional en la que es muy notoria la presencia de los flujos migratorios europeos ocurridos durante la primera mitad del siglo XX. Las colectividades italiana y sobre todo alemana tienen una presencia muy visible en el perfil étnico de la región. Alguien comentaba, en otra de esas charlas entre películas, que Santa Catarina es la región con más presencia de arquitectura típicamente alemana en el mundo, fuera del propio territorio alemán. Dato tal vez incomprobable, aunque ahí está la ciudad de Blumenau, fundada en 1850 por el filósofo y químico alemán Hermann Bruno Otto Blumenau, para oficiar de caso testigo. Tan importante es esta presencia que si un invitado al festival se limitara a permanecer dentro de la burbuja de la UFSC, le resultaría muy difícil cruzarse con personas de raza negra, quienes constituyen una minoría clara en ese ámbito, en el que sin embargo el abanico étnico no deja de ser notablemente amplio. Incluso puede llegar a pensarse que la población afroamericana más pura no constituye un porcentaje representativo dentro de la composición demográfica de la isla.
Pero alcanza con subirse a un colectivo, ir a los supermercados o recorrer las calles cercanas a las terminales de transporte para darse cuenta cuál es lugar de los negros también acá, en la progresista Florianópolis. Camareras, personal de limpieza en los hoteles o en los espacios públicos, cajeras de supermercado, vendedores callejeros, obreros que van y vienen de casa al trabajo y del trabajo a casa en colectivo. Sin embargo no se trata de buscar la paja en el ojo ajeno, sino de encontrar cuál es el reflejo que esta imagen nos devuelve. Porque el paradigma social que se reconoce en esta ciudad tan cercana a los argentinos, no se aparta de los patrones del recorte social que es posible reconocer en Buenos Aires, aunque la diferencia mucho más notoria entre el color de las pieles de unos y de otros hace que se vuelva evidente a simple vista. Pero eso no debería ser una excusa: igual que en Floripa, en Buenos Aires la ceguera social siempre es voluntaria y esa misma brecha enorme solo puede seguir siendo invisible para quienes sistemáticamente se niegan a verla.  

Artículo publicado originalmente en el portal de noticias www.tiempoar.com.ar

jueves, 22 de junio de 2017

CINE - "La muerte de Marga Maier", de Camila Toker: Diamantes para la muerte

La cosa empieza como una intriga internacional. De cabotaje, pero internacional. Interior. Día. En una de las cabinas del bondinho, el famoso teleférico de Río de Janeiro, una especie de padrino carioca le hace a su acompañante una oferta que no puede rechazar, pero el otro la rechaza. Con una sonrisa el padrino le cuenta que se trata de recuperar el Cruz del Sur, un valioso y mítico diamante que se encuentra en Argentina y ahí la actitud del otro cambia. Pregunta quién más sabe del asunto y con una sonrisa el Don Corleone brasilero señala para atrás, en dirección a la garotinha que los acompaña. Exterior. Día. La cabina del teleférico desciende desde lo alto del morro colgando del cable. Cuando el vehículo pasa justo delante de la cámara, el acompañante termina de sacar su arma, se da vuelta y mata a la chica de un tiro en la cabeza. El bondinho continúa su descenso.
En esa primera secuencia de La muerte de Marga Maier, la directora Camila Toker revela su intención de manejarse dentro de una estética de cine industrial y un gusto evidente por los géneros tradicionales. Que en este caso es el thriller, pero al que enseguida, cuando la acción se traslade a un pueblo de provincia en la Argentina, le irá incorporando notas de una variante local y moderna del western tanto como del policial de corte más clásico. Esta pasión por el cine de género es la misma que de distintas maneras han mostrado los directores Tamae Garateguy y Santiago Giralt, sus socios en la codirección de aquellas dos sátiras del Nuevo Cine Argentino que fueron UPA (acróstico de Una Película Argentina) y su secuela.

La continuidad del relato tiene lugar en el pueblito citado, en el que la mujer del título es encontrada muerta en la rivera del río. En coincidencia con el macabro hallazgo, una joven y aquel hombre que recibió el encargo en el teleférico llegan al pueblo. Ambos vienen buscando a Marga Maier. Ella resulta ser la dueña de la estancia que Maier se encargaba de administrar y en donde esta vivía con su sobrino, un hombre que ocupa el lugar del opa, el tonto que por tradición tienen todos los pueblos rurales. Él… bueno, es fácil saber para qué viene él. Pero la cosa quedará más clara cuando la autopsia revele que a la muerta le abrieron la garganta con el filo de un diamante.
Toker articula la intriga a caballo de un recurso interesante: trabajar el relato a partir de tomas largas y planos secuencia muy útiles para generar un clima pesado, siniestro, que es a la vez familiar y sórdido. La decisión potencia además la labor del elenco, permitiéndole a sus integrantes utilizar el espacio y el tiempo para extender su trabajo creativo. Sobre esos dos pilares Toker sostiene el misterio, que tiene mucho de giallo y clase B autoconsciente. Contra eso, la inclusión de algunos personajes parece motivada por la búsqueda de un efectismo demasiado guionado, mientras que la resolución del misterio deja pendientes no pocas preguntas, incluso, tal vez, la de quién mató realmente a Marga Maier. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

miércoles, 21 de junio de 2017

CINE - 21° Florianópolis Audiovisual Mercosur: Entretenimiento, Arte, Política

Por Juan Pablo Cinelli Brasil, país tropical, sinónimo de alegría, de carnaval y fútbol. Tierra de garotos y garotinhas, patria de artistas enormes, de Amado a Clarice en la literatura o Niemeyer en la arquitectura, pero sobre todo en la música: de Caetano a Gilberto, de Elis a Gal, de Ney, Rita y Hermeto a Chico, Bethania o Vinicius y la lista sigue al infinito. Y también de Glauber, Peixoto o Cavalcanti, grandes hombres del cine que hoy tiene sus herederos en los nombres de Kleber Mendonça Filho, Walter Salles, Gabriel Mascaró, Fernando Meirelles o Adirley Queirós, quienes representan una vasta paleta estética dentro del arte que se construye recortando las luces y las sombras. Una tierra tan rica que, sin embargo, hoy no puede ocultar el daño causado por tanto impeachment y Lava Jato. En medio de ese cataclismo político el festival Florianópolis Audiovisual Mercosur, el FAM, representa un oasis no sólo en el área específica del cine, sino también en tanto espacio de expresión para una sociedad políticamente muy activa, como la de esa ciudad tan cercana a los argentinos, capital del sureño estado de Santa Catarina.
Celebrando sus 21 años de actividad ininterrumpida desde 1997, el FAM es un espacio que ha decidido entender al cine como arte y entretenimiento, pero también como una herramienta política y social, capaz de funcionar como un canal eficiente que pone en evidencia las necesidades expresivas de la comunidad que la contiene. Un punto de encuentro entre público y artistas del que necesariamente surge un nuevo discurso común que dialoga constantemente con la realidad. En la edición del año pasado ese carácter quedó en evidencia de forma muy clara: el FAM se convirtió en un espacio efervescente en donde espectadores y cineastas coincidieron en el repudio unánime tanto de la destitución de la ex presidente Dilma Rousseff, como de la asunción irregular de Michel Temer, quien hasta ese momento se había desempeñado como su vicepresidente pero que también fue un engranaje fundamental en aquella conjura de los necios. De ese modo, el acto de apertura del festival ofició de escenario en donde el descontento fue puesto en escena, con representantes de distintas organizaciones sociales apropiándose del espacio mientras el auditorio los respaldaba con la consigna “¡Fora Temer!” pronunciada a voz en cuello, lema que los cobijaba a todos como un paraguas en medio del temporal.
Con el Lava Jato como nuevo frente de la misma tormenta, este año las perspectivas se presentan casi idénticas y permiten pronosticar que las turbulencias políticas volverán a ocupar una parte importante dentro de las actividades del FAM 21. Y el festival –que cuenta con el apoyo del Consulado Argentino en Florianópolis, el INCAA y que es dirigido desde su fundación por Antonio Celso dos Santos, gestor cultural de ineludible presencia en su ciudad—, parece confirmar desde su programación la determinación de aceptar ese destino manifiesto de ser un espacio simultaneo en el que se entretejen el arte, el entretenimiento y lo político. Que de todo eso está hecho el cine. Con su sede instalada en el amplio auditorio de la Universidad Nacional de Santa Catarina, la programación del FAM se desarrolla del 20 al 25 de junio y cuenta con cinco secciones, siendo las tres más importantes las muestras de largometrajes y cortos Mercosur y la muestra documental, todas ellas de carácter competitivo.
La muestra de largos se encuentra integrada por seis títulos, incluyendo a la argentina Corralón, de Eduardo Pinto; la uruguaya Las toninas van al este, de Verónica Perrotta y Gonzalo Delgado; la brasileña Anauê, de Zeca Pirés y tres coproducciones múltiples: Magallanes, del peruano Salvador del Solar; Oscuro Animal, del colombiano Felipe Guerrero, y Mulher do Pai, de la local Cristiane Oliveira. Tanto Magallanes como Oscuro animal ya han tenido su estreno en la Argentina y en ambos casos se trata de ficciones que poseen un fuerte componente histórico y político vinculado con el pasado reciente de sus países. En la primera ese telón de fondo le corresponde a los años de Sendero Luminoso y su protagonista es un hombre ligado a un hombre fuerte de la represión militar, que es acosado por la culpa. En la segunda también se trata de constatar los efectos que produjeron los largos años de enfrentamiento armado entre las guerrillas y el estado en la sociedad colombiana, pero visto a través de los padecimientos de tres mujeres que de diferentes modos se encuentran en contacto directo con esa realidad. Anauê, por su parte, es una investigación centrada en las comunidades alemanas radicadas en la ciudad de Blumenau, que como Florianópolis también pertenece al estado de Santa Catarina, y los acontecimientos ocurridos ahí durante la Segunda Guerra. El film intenta desentrañar los posibles vínculos que aquellas colonias pudieron tener (o no) con el nazismo.
Las tres películas restantes se encuentran netamente en el terreno de la ficción. La argentina Corralón es un thriller protagonizado por Luciano Cáceres, Pablo Pinto, Joaquin Berthold, Brenda Gandini, Carlos Portaluppi y Nai Awada, que formó parte de la sección Noches Especiales durante la última y reciente edición del Bafici. En ella el retrato social se funde con el relato de género, para contar una historia de violencia cuyos personajes principales son dos amigos que trabajan en el corralón del título. Un drama que deviene tragedia por la vía del suspenso y una aguda mirada que permite que lo social se cuele entre los resquicios de la narración. En el otro extremo del arco emotivo se encuentra Las toninas van al este, una comedia en la que la conciencia de clase (alta) no exenta de ironía es el instrumento elegido para contar la historia de un viejo actor rioplatense, gay y algo decadente, que se niega a recibir la visita de su hija en su casa de Punta. Hasta que se entera que será abuelo y la noticia, como una explosión en la cara, lo ponen violentamente frente a sus propias miserias. Mulher do pai en cambio es un drama cargado de notas sórdidas que registra el entramado de vínculos un campesino que vive con su hija en la frontera que comparten Brasil y Uruguay, y una mujer seductora que irrumpe en la vida de ambos.
En la sección documental se destaca Manos Unidas, del boliviano Roly Santos, que aborda los misterios en torno de las mutilaciones sufridas por los cuerpos de Juan Domingo Perón, el Che Guevara y Víctor Jara, todos ellos despojados de sus manos una vez muertos o, como en el caso del poeta y músico chileno, mientras aún estaba vivo. Por su parte Abriendo el armario, dirigido por Darío Menezes y Luis Abramo, y de título más que gráfico, trata sobre la lucha por los derechos de los movimientos LGBTI en Brasil. De título no menos obvio, Necesitamos hablar de acoso, de Paula Sacchetta, aborda el tema de las mujeres víctimas de violencia de género en las ciudades de Río y San Pablo. 

Artículo publicado originalmente en la sección Espectáculos de Página/12.

CIENCIA - Inteligencia Artificial, realidad tras la ficción: Entrevista con Claudio Delrieux

La mayor parte de los seres humanos, de cualquier cultura y sustrato social, está familiarizada con el concepto de Inteligencia Artificial (IA). Incluso quien conoce poco y nada de cuestiones específicas del universo del desarrollo tecnológico entiende de qué se habla cuando se habla de eso. Gran parte de ese conocimiento sin embargo proviene del ámbito de la ficción y no del científico; es decir: todos entienden de qué se habla, pero casi nadie sabe realmente nada.
Para comprobarlo puede realizarse la siguiente experiencia. Confeccionar dos listas de nombres. Incluir en la primera a Isaac Asimov, Steven Spielberg y Philip K. Dick, y en la segunda a Douglas Hofstadter, Roger Penrose y Stuart Hameroff. Al presentarlas a diferentes sujetos se comprobará que casi todos reconocen al menos un nombre de la primera, integrada por escritores y directores de cine que han abordado y desarrollado el imaginario en torno de la IA, mientras que lo ignorarán todo acerca de la segunda, compuesta por algunas de las más grandes eminencias vinculadas al desarrollo de diversas teorías aplicadas a la producción real de dicha tecnología. Lo dicho, demasiada ficción, lo cual no necesariamente es malo.

Claudio Delrieux es investigador del Conicet, docente universitario y miembro de la Sociedad Argentina de Informática (SADIO). Su área de especialización es, claro, la IA, hecho que lo convierte en la persona indicada para indagar y conocer un poco más acerca de realidades y fantasías en torno del asunto. “El nombre de IA nace a partir de slogans grandilocuentes motivados por razones extra-científicas, mayormente la competencia por tener notoriedad y obtener espacio de poder y dinero dentro de los sistemas de financiamiento”, comienza el especialista para inientar aclarar el concepto. “Se podría entender que la IA se contrapone a la inteligencia natural, que es la que exhibimos (si acaso) los organismos biológicos emergentes de la evolución natural. Entonces IA sería la inteligencia que exhiben los sistemas emergentes de un contexto artificial. El problema de esta definición es que no aclara de qué se trata la inteligencia”. Según Delrieux esa es punta del ovillo, ya que “cuando se intentan encontrar definiciones de inteligencia, vemos que en ciencias cognitivas hay tantas propuestas como investigadores y se hace dudoso determinar que los sistemas informáticos “inteligentes” realmente posean esas cualidades”. “Muchos pensamos que un atributo inherente en cualquier entidad inteligente es la capacidad de autopreservación y de reproducción, cosa que los sistemas artificiales no poseen. Por dicha razón, el objetivo hipotético inicial ha quedado prácticamente abandonado”, continúa.

-Pero debe haber algún concepto sobre el que haya un acuerdo más o menos general.
-Hay definiciones que se ajustan hasta cierto punto a los objetivos de ciertos programas de investigación, que se vinculan a diferentes ramas específicas de la ciencia. La visión utilitarista refiere a Sistemas Informáticos (SI) que permiten encontrar decisiones que maximizan una función objetivo (teoría de la decisión, economía matemática, optimización). En cambio en la psicologista los SI se comportan de maneras similares a los seres humanos (psicología cognitiva). Por último la formalista, en donde los SI permiten descubrir modelos, teorías o sistemas formales (teoría de la ciencia, lógica).  
-Mi conocimiento sobre IA procede de la ficción y a partir de ahí imagino que esta se basa en la mecánica de razonamientos algorítmicos, matemáticos, pero que carece por completo del carácter intuitivo de la inteligencia natural.
-Ahí hay un “malentendido-pop”, si me permitís. El hecho de que un programa ejecute un algoritmo es isomorfo (semejante) al de que el cerebro obedece leyes físicas deterministas. En otras palabras, que la IA se ejecute en un contexto algorítmico no la hace necesariamente autista. En su libro Gödel-Escher-Bach, Douglas Hofstadter especula con que las características “intuitivas” y muchas otras de la inteligencia natural se deben mayormente a la plasticidad que da un sistema de complejidad muy grande, y no al sustrato físico del sistema. Mi opinión personal es que los sistemas artificiales van a tener avances espectaculares, pero siempre les va a faltar un poco para igualar al humano.  
-¿Y en qué estadío se encuentra el desarrollo de tecnologías vinculadas a la creación de IA?
-Desde el punto de vista de la investigación y desarrollo, esta tecnología es un campo inabarcable. Haría falta algún periodista científico al estilo James Gleick que pueda dedicar tiempo a ver qué hacen las empresas, dado que éstas están asumiendo un protagonismo importantísimo, pero normalmente no publican sus resultados en los foros científicos. Volviendo a la pregunta del comienzo, como el objetivo final no está bien definido, entonces no es posible establecer un “estadío” sino solo avances y logros, desde lo científico-tecnológico, desde lo útil o aplicado, o a veces desde lo cultural (como ganar un campeonato mundial de Go). Podríamos decir que la IA “utilitarista” está muy avanzada gracias a modelos recientes como el deep learning, la “psicologista” está en un estado intermedio, y la “formalista”, salvo logros muy puntuales, está lejos de tener relevancia inmediata.  
-¿A qué distancia se encuentra la ciencia en la actualidad de producir IA artificial capaz de emular a la humana, no sólo en su mecanismo analítico sino también en su interfaz física, como los androides que imagina la ciencia ficción?
-Creo que quien dio en el clavo con los problemas importantes fue Philip Dick. En la novela sobre la cual se basó Blade Runner (¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?) y en muchas de sus historias cortas él toma la especulación acerca de si lo que constituye la “naturaleza humana” es el sustrato biológico. El planteo ético sería: ¿es más humano el organismo biológico cruel e insensible que el androide con empatía? Esa es una de sus obsesiones literarias (ver su historia corta “Human Is”, o el impagable momento final de “Now wait for next year”). Por otro lado, por cuestiones estéticas o frívolas, dotar a un mecanismo de una apariencia humana es siempre deseable (como ocurre con los avatares en juegos), por lo tanto existe una utilidad real en darle a los productos basados en IA un “factor de forma” que los haga mercadeables.  
-Llegados a este punto, ¿cuál sería la diferencia entre inteligencia y conciencia?
-Bueno, Roger Penrose y Stuart Hammeroff desarrollaron una teoría que lleva su nombre acerca del concepto de conciencia, del por qué ésta ocurre en los humanos y tal vez organismos con sistemas nerviosos de determinadas características, y por qué dotar a una máquina de este atributo está exponencialmente más lejos de lo que creemos. Es interesante que esta teoría, que ya tiene 30 años, desarrolló una serie de predicciones que fueron inexorablemente cumpliéndose, lo cual la hace bastante creíble (al margen de que Penrose es un ultra-capo, no solo más grosso como astrofísico que el famoso Stephen Hawkins, sino también como matemático, divulgador, y especulador científico). Mientras que la inteligencia es algo que parece acompañar y desarrollarse en los seres que tienen necesidad de preservarse y reproducirse, la conciencia parece reflejar otro tipo de procesos (la expresión, la introyección, y la comunicación, estas todas trascendiendo los fines de la inteligencia). Volviendo a la Sci-Fi, en una historia de Stanislaw Lem una ultracomputadora desarrollada en el Pentágono adquiere autoconciencia y a partir de eso decide dedicarse al “problema ontológico”, porque el “problema bélico” le parece aburrido. ¿Será esa una diferencia entre inteligencia y conciencia? 

Artículo publicado originalmente en la Revista T de Tiempo Argentino.

lunes, 19 de junio de 2017

CINE - "Mujer Maravilla": Las mujeres cobran menos que los hombres por salvar el mundo

Desde su estreno, ocurrido hace apenas un par de semanas, la película Mujer Maravilla se ha vuelto una sorpresa, por varios motivos. En primer lugar porque en sólo tres semanas en los Estados Unidos consiguió convertirse en el título más exitoso de la serie con que DC Comics, la misma casa de Batman y Superman, decidió presentar su universo de personajes. Esto quiere decir que Mujer Maravilla vendió más entradas que El hombre de acero (2013), Batman vs. Superman (2016) y Escuadrón Suicida (2016) en sus respectivas primeras tres semanas. Y al ritmo que lleva bien podría convertirse en el más taquillero de todos ellos. El hecho de que además se trate de la primera película de superhéroes protagonizada por una mujer hace que el hecho se vuelva digno de ser visto con mayor detenimiento y no como un mero reporte estadístico.
En su reciente libro Super Hollywood, el crítico Juan Manuel Domínguez realiza un exhaustivo análisis del universo de las adaptaciones de las historietas de superhéroes al cine o la televisión. Su lectura expone el carácter androcéntrico que en sus casi 80 años es posible registrar en la historieta como expresión que, si bien es cultural, también constituye un producto nacido para ser carne de mercado. Un carácter que la industria del cómic ha empezado a revertir en los primeros años del siglo XXI, creando una plataforma de héroes en la cual es posible registrar una mayor amplitud étnica y de género, aún no ha conseguido trasladarse al avatar cinematográfico de ese corpus de personajes y relatos. Es por eso que Domínguez le dedica el último capítulo de su libro al caso emblemático de Mujer Maravilla, que representa la primera película protagonizada por una superheroina en las dos décadas que lleva la híperexplotación del género en el cine, desde que en 1998 se estrenara la versión de Blade, cazador de vampiros, protagonizada por Wesley Snipes.
Desde el estreno del primer episodio de la saga Iron Man, que devolvió al hasta entonces ángel caído Robert Downey Jr. al cielo estrellado de Hollywood, se han estrenado un promedio de 4 películas de superhéroes por temporada. Un mínimo de 30 películas en las cuales los hombres siguen siendo los dueños de todos los poderes y virtual centro de todos los universos. En ellas la figura femenina sigue ocupando un rol de partenaire, secundario en el mejor de los casos e incluso decorativo. Mujer Maravilla es la primera en romper ese círculo creado por una mirada innegablemente machista y no sólo eso, sino que lo hace convirtiéndose en un producto más exitoso que muchos de aquellos que tienen protagonistas masculinos. Por raro que parezca, Mujer Maravilla también es la primera película de este tipo dirigida por una mujer, la estadounidense Patty Jenkins. Pero no son estos los únicos indicadores que sirven para comprobar el trato desigual que reciben hombre y mujeres en la patria de los superhéroes.
El portal dailydot.com acaba de publicar un artículo firmado por la periodista Gavia Baker-Whitelaw, en el que se pregunta por qué, teniendo en cuenta el éxito de la película, su protagonista, la actriz de origen israelí Gal Gadot, recibió un pago al que se define como “sorprendentemente pequeño”. Ahí se indica que a pesar de que el film ya ronda una recaudación global de 600 millones de dólares, la actriz apenas recibió un cheque por 300 mil de los verdes. Una verdadera ganga si se lo compara con los 14 millones que recibió el británico Henry Cavill por interpretar a Superman en El hombre de acero, o los 50 palos con los que se cotiza Downey Jr., el ave fénix. Por supuesto que el número es engañoso, ya que esas cifras millonarias incluyen los porcentajes de taquilla que todos los actores que interpretan superhéroes ganan por contrato, monto que en el caso de Gadot aún se desconoce, porque la película se encuentra recién en el primer tramo de su recorrida por los cines del mundo. Como contraparte, la misma nota destaca que la cifra ganada por la actriz es similar a la que cobró hace seis años el actor Chris Evans por la primera película en la que interpretó al Capitán América.
Sin embargo Baker-Whitelaw llama la atención sobre el hecho de que los contratos de Gadot y Jenkins concluyen con el estreno de Mujer Maravilla, teniendo en cuenta que la actriz había firmado por tres películas (Batman vs. Superman, Mujer Maravilla y la inminente La Liga de la Justica, que tiene fecha de estreno para noviembre de este año), mientras que la directora sólo por una. Pero en vistas de un éxito que deja la puerta abierta para una secuela casi cantada, las dos chicas se encuentra en una situación óptima para mejorar las condiciones económicas cuando se sienten a negociar sus nuevos contratos con los chicos de Warner Bros., la compañía que maneja al personaje en el cine. Por desgracia, más allá del caso particular, el éxito es demasiado cercano como para poder percibir efectos concretos o cambios de fondo en la estructura machista de la industria. Por lo pronto al menos 24 películas de superhéroes han confirmado sus fechas de estreno de acá a los próximos tres años, pero solamente una de ellas tiene como protagonista a otra mujer, (Capitán Marvel, prevista para marzo de 2019). El resto sigue siendo más de lo mismo.  

Artículo publicado originalmente en la web www.tiempoar.com.ar